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jueves, 5 de mayo de 2011

Cisne Negro VIP (Very Important Pelicula)

Era un día como cualquiera, de esos en que decides despachar el día con el mayor descanso posible. Tras un día de aburrimiento supremo de clases, y tras sufrir la agonía de salir de Inglés, llegó el momento, por fin pensé, de ir a ver una película que se llevó elogios a diestro y siniestro en los Oscar, en el Festival de Venecia, en los Globo de Oro, en los BAFTA, en los 4 Independent Spiri Awards: Cisne Negro.

No podía imaginar uno que antes de entrar en la sala, no muy llena pero tampoco vacía, se iba a encontrar con una película que más allá del tema, que presumiblemente se deducía del título, conllevaría a un gran descubrimiento de obra. No hay que decir que Darren Aronofsky se descubra como un gran director, ni mucho menos, su trayectoria se vio con Requiem por un Sueño con Jared Leto como uno de los artistas principales. Pero si ya se veía en aquélla la gran técnica profundizadora en los sentimientos y en el drama, en "Cisne Negro" hace apología de lo que es querer hacer una película, y de ahí, sin quererlo ni beberlo, descubrir un tema tan escabroso, como ignominioso, en el sentido en que la vida de artista no sólo discurre de teatro en teatro, sino de lucha en lucha, más en el ballet (sin quejas sobre este género al que considero maravilloso para ver y disfrutar).
Quizás, quien es buen previsor, viendo a Natalie Portman, Vincent Cassel y Mila Kunis en el reparto, debería de comprender un poco la calidad de la película, pero hay veces que las estrellas se quedan así, estrelladas. Este sin embargo, no es el caso.

Versando sobre ese gran tema de Tchaikovsky, el Lago de los Cisnes, obra maestra donde las haya, una mujer y un príncipe, ambos enamorados, pero siendo así nada más la obra sería de un bodrio tremendo, por lo que originalmente, la mujer (Odette) es convertida en cisne y no puede alcanzar tal amor. Así, en el ballet, se descubren dos cisnes, el blanco y el negro. El blanco es el puro, el tierno, la mujer atrapada; y el negro es el odio, el engaño, la bruja, el testimonio del castigo. Esa lucha interna se desata entre ambas.

Y aquí todo parece ir bien, bailarina (Natalie Portman) de una prestigiosa compañía anhela ser la principal de su compañía y por ello debe competir con el resto de sus compañeras, muchas de las cuales reflejan la mayoría de la sociedad: hoy te sonrío y te adoro, pero como te des la vuelta te doy el traspié.
Sin embargo, si hay algo que confunde y además engancha más en las películas son los quebraderos de cabeza, siempre y cuando tengan sentido. Y ahí sale a escena Darren Aronofsky con su peculiar forma de dilucidar dos obras en uno.

Más allá del devenir de la película, esta se compromente en dos formas totalmente divergentes, en acercar la obra original y hacer una adaptación de aquélla dentro del transcurso de la genuina. Como los supermercados, pague una y llévese dos (con lo que cuesta la entrada al cine, se agradece). Ese delirio por alcanzar el amor del hombre, tras pasar por el embrujo, es el mismo embrujo que sufre Natalie Portman para alcanzar el estrellato siendo la principal en la compañía. Y diremos que lo consigue, pero todo tiene un precio, y siendo la protagonista hija de una ex bailarina frustrada por el embarazo prematuramente de la protagonista, carga toda dicha frustración de gloria en su hija. Y en consecuencia, convierte a su hija en una niña en cuerpo de mujer. No ve más allá de lo que se madre muestra, la trata como una niña, no le deja vivir.

Vincent Cassel, papel para mi gusto extredamente bien ideado, será el encargado de desatar la lujuria en la película, y ¡Sed bienvenidos a la orgía de baile, sexo, y locura! Sí, lo he dicho bien, él será el encargado de hacer ver, junto con Mila Kunis, que ya es hora de vivir una vida propia y que como dice la película: "la perfección no es control, es perderlo".
Ahí viviremos una trepidante carrera por el ascenso al mismo tiempo que descendemos, sin descuidar que el tiempo pasa, y nosotros absortos a la pantalla. Ese será el camino a recorrer, descubrirse a uno mismo y entonces darse cuenta de "que la única persona en tu camino eres tú. Es hora de dejarla ir. Piérdete".

Una vez acabada la película, si sales con una sonrisa en la boca no es de pensar que la película haya sido graciosa, alentadora, esperanzadora, ni nada por el estilo. Si sales así, será porque habrás sentido tu dinero bien empleado. En mi caso, no salí con una sonrisa, sino con una de cara de circunstancia que no fuera porque no me gustara, sino porque costaba analizar tanta apología. Luego sí apareció.

Era una película difícil de hacer, pero el trastorno psicológico tanto por parte de la frustración materna como por la sensación de avaricia y progreso se transporta, literalmente, a la mente del espectador que no sabrá si salir corriendo, llorar o pegarse un tiro. En muchos casos, elegirán quedarse, no concibo no saber qué pasaría en la película. Grandes escenas, excelente fotografía, espacios, música y baila. Nada que envidiar al Lago de los Cisnes en el Teatro Galdós en 2008 desde el patio de butacas.

Clint Mansell, en su línea, brillante, pero al ser la mayoría de la música de Tchaikovsky, dejemoslo en un simple pasable. Guión, estupendo, y montaje más de lo mismo, no hace falta escribir más líneas para describirlo.

En definitiva dar las gracias a Aronofsky por tal película, y tan sólo concluir con un "lo sentí, Fue perfecto [...]"

Calificación: **** */2 (sobre 5)

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lunes, 2 de mayo de 2011

¿Y por qué no me siento satisfecho...?

¿Y por qué no me siento satisfecho con la muerte de Bin Laden? Sería lógico que lo estuviera, contento de ver que uno de los carniceros mas mordaces de la historia del terrorismo ya no camina indemne por estas tierras. Que su vida se acabó. Sin embargo, tras leer la noticia "EEUU mata a Bin Laden en Pakistán" no me ha hecho más que sentir que algo hemos hecho mal.
No se si era la mejor forma de hacerlo, pero creo que incluso arrojando el cuerpo al mar, solamente nos rebajamos a su nivel.

Gracias deberíamos de dar, pero me niego en rotundo sabiendo que el país que se vanagloria de ser los impulsores de los derechos y un país con las [supuestas] mayores libertades del mundo, se rebaja hasta tal punto que es capaz de matar a sangre fría, delante viendo sus ojos, al enemigo público número uno de EEUU y de casi medio mundo. Dicen que Al Qaeda se queda sin cabeza. Que el terrorismo ya flaquea. Pero, realmente estamos ante el origen de un nuevo terrorismo, un terrorismo infiltrado en la sociedad, en la democracia desgastada. Dicen que lo mataron, pero matar es muy amplio. Y sinceramente, cesar la vida de alguien a manos de otro, ejerciendo un supuesto derecho a ser verdugo de otros, eso no es matar. Eso se denomina asesinato. Un
asesinato a sangre fría, un asesinato con alevosía, con premeditación. Todos los condicionantes concurren en el hecho de que no debemos estar contentos, porque si esta es la clase de justicia que conocemos... Espero no cometer ningún error, entonces, por si alguien se cree capaz de mandar a otro a matarme (digo asesinarme).

No quiero que esto suene a que defiendo lo que Osama Bin Laden hizo, pero tampoco creo que sea lícito privar a alguien de un juicio, o simplemente de ser encarcelado. No hay más humillación que ver a un orgulloso terrorista entre rejas. Pero entonces, las quejas y los movimientos pidiendo su libertad, sería convertirlo en un mártir por la causa islámica. Aún así, no se qué pensar.
Si ya no era suficiente, somos humanos, y que como la mujer del César, no sólo tiene que serlo sino que también parecerlo,y aunque a cada cerdo le llega su San Martín y quien siembra tormentas recoge tempestadas, creo que uno de los Derechos del Hombre, es el derecho a la vida. Y tal vida, por muchas que aquélla haya sesgada no puede castigarse de tal manera.
Incluso entendería, aunque no comparto la pena de muerte, que tras haberlo apresado, tal sentencia se hiciera efectiva. Aunque es más fácil hacerlo rápido y sin mucho sonido. Si son somos humanos, tenemos razón, no razón de certeza, sino razón de comportaron con racionalidad.

Su cadáver arrojado al mar. Ahí ya no se en qué creer. ¿Acaso ya muerto, se merece ser arrojado al mar? ¿Acaso somos mercenarios? En este caso parece que sí. Sólo los mercenarios eliminan las pruebas y se deshacen del cadáver. Sólo faltaba que le hubieran puesto los pies con cemento, para que no flotase (¿A lo mejor lo han hecho? Quién sabe, las noticias que nos llegan no siempre son todas).
Lo más digno, e incluso mucho más impactante y quizás hubiera servido de correctivo para otros futuros "fantasmas del terror" hubiera sido entregar el cuerpo sin vida a sus familiares para que le dieran una sepultura, y con ello observar la cara de vergüenza, si la tuvieren, de verle sin vida, por unos actos que toda la humanidad condena.

Sólo creo que no es serio esto que ocurre. Si creamos normas, leyes y castigos adecuados y con un proceso justo, como derecho a ser juzgados efectivamente, se debería actuar como tal. Pero está visto que las leyes están para hacerlas cumplir cuando a los de arriba les da la gana. Pero cuando no, se las saltan a la torera. Pero claro, si somos nosotros quienes nos los saltamos, bien nos está empleado el castigo.
En definitiva, no estoy satisfecho con su muerte, digo, asesinato. Pero en estos tiempos, vivimos en una sociedad donde las libertades se respetan restringiéndolas e infundiendo miedo.
Bin Laden fue el fantasma del terror, pero EEUU se ha convertido en el Justiciero Oscuro. Da que pensar y mucho. Tan sólo espero, que no sea el único que piense lo mismo.

Si esto es Justicia, menos mal que la diosa Temis, diosa de la Justicia, tiene los ojos vendados, porque si quitara la venda...

No echaré de menos a Bin Laden, pero tampoco saldría a la Plaza más cercana a celebrar su muerte. Estamos en el siglo XXI, no en el siglo de los piratas y la guillotina. Es una gran decepción.



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